Colaboraciones, Digitalización, IA empresarial, Inteligencia Artificial, Tecnologia empresarial, Transformación Digital
  • hace 1 día
  • Por María de Juan González

Reflexiones y análisis de la ponencia de José Delgado en el IV Foro Empresa e Inteligencia Artificial.

En la actualidad, asistimos a una velocidad de evolución tecnológica sin precedentes.

Hemos pasado de centrar los debates estratégicos en la digitalización básica a que la Inteligencia Artificial ocupe por completo la agenda empresarial. Hoy en día, la distancia entre una idea y un piloto funcional se ha reducido a cuestión de días. Sin embargo, esta rapidez plantea un interrogante fundamental: 

¿cómo construir confianza real en las soluciones que desarrollamos?

 

Para sectores críticos, como el financiero o el desarrollo de software a gran escala, la respuesta no reside en adoptar la herramienta más novedosa, sino en cimentar los proyectos sobre cuatro pilares innegociables: seguridad, calidad del dato, gobernanza y control de riesgo.

Dado que la IA actúa como un amplificador de aquello que recibe, su éxito depende directamente de la base sobre la que se sustenta.

 

El error de la tecnología como punto de partida Uno de los principales aprendizajes compartidos por José Delgado en el foro es el error común de iniciar los proyectos desde la tecnología y no desde el problema de negocio.

En muchas ocasiones, la presión de las juntas directivas o el temor a quedarse atrás impulsan inversiones millonarias en IA sin una claridad real sobre qué problema se busca resolver o si la organización está preparada a nivel estructural.

 

Para ilustrar este escenario, José utilizó una metáfora muy clarificadora: instalar un GPS de última generación en un tren antiguo de forma aislada no altera la naturaleza ni la velocidad del trayecto.

De igual modo, incorporar soluciones de IA de manera superficial, desconectadas del núcleo operativo, no transforma una organización. La IA no arregla el desorden; si se aplica sobre procesos caóticos, simplemente acelerará el caos.

 

El futuro hacia 2029:

La madurez del dato y el factor humano De cara a los próximos años, disponer de capacidades de IA dejará de ser una ventaja competitiva diferenciadora, ya que la tecnología terminará por masificarse y democratizarse.

La verdadera diferencia radicará en cómo se utiliza, con qué calidad de información y bajo qué estructura organizativa. El retorno de inversión en este campo no debe medirse únicamente en ingresos directos, sino en la capacidad de crecimiento, la mitigación de riesgos, la velocidad operativa y la seguridad en la toma de decisiones.

En este nuevo paradigma, el gobierno del dato surge como el verdadero núcleo del aprovechamiento tecnológico, abriendo debates esenciales sobre la transparencia, la responsabilidad y la eliminación de sesgos o discriminación.

 

Finalmente, esta transformación estructural requiere un cambio en el talento.

Los perfiles más valiosos en esta etapa no son los puramente técnicos ni los enfocados exclusivamente en la gestión, sino los perfiles híbridos: profesionales capaces de comprender la tecnología y el negocio simultáneamente, actuando como traductores y conectores que transforman problemas empresariales reales en soluciones operativas eficaces.

 

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